Todavía dura la placentera sensación de haber sido testigos de la historia.
El 4-1 a Brasil fue de esos partidos que no se olvidan.
La sorpresa es un momento, no un estado.
Pero la selección argentina lo logra: vivimos en constante admiración.
Si ganar después de haber ganado es el mayor desafío en el deporte, gustar luego de haber gustado fue el nuevo escalón.
Y sin su estandarte.
Sin Messi: esa es la (nueva) cuestión..